El caso de Raúl Olivares es digno de tener en cuenta

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Nadie vive la vida con un manual de instrucciones a la mano. A lo sumo, cuando las ganas de volar de la casa de tus padres se hacen urgentes, dibujas una línea imaginaria entre lo que eres y aquello en lo que quieres convertirte. De ahí en más, la existencia pasa a ser una ruleta y si tienes un poco de suerte el trabajo, el esfuerzo y el talento podrán llevarte a ese destino soñado, aunque las posibilidades de desbarrancar en cualquier curva del camino estarán siempre vivas.

El fútbol está lleno de historias de jugadores que alguna vez recibieron el título de promesas y que se perdieron en el camino, igual que esos fuegos artificiales que se apagan y caen sin que nadie sepa muy bien dónde. No es fácil triunfar en el fútbol. Desconozco las estadísticas, pero imagino que los que llegan a jugar en Primera División son una minoría y los que llegan a brillar, la estrellas, son todavía menos.

El caso de Raúl Olivares es digno de tener en cuenta. La semana pasada hizo noticia porque fue determinante en la clasificación del equipo boliviano Jorge Wilstermann a los cuartos de final de la Copa Libertadores. Jugando en Brasil, ante el Atlético Mineiro, Olivares mantuvo su arco invicto, en circunstancias que los brasileños atacaron una y otra vez procurando los goles que necesitaban para revertir la derrota por la cuenta mínima sufrida en Cochabamba.

Olivares (29 años) cumple su tercera temporada en el fútbol boliviano, adonde llegó luego de deambular por varios clubes chilenos. Formado en Colo Colo, no hay que tener mucha imaginación para suponer que cuando fue ascendido al primer equipo en 2006, con solo 17 años, Olivares soñaba con convertirse en el portero titular y repetir la historia que escribía en ese entonces Claudio Bravo. Sin embargo, en Colo Colo vivió más como tercer arquero que como número uno, condición que hizo suya cuando fue cedido a préstamo a clubes como Santiago Morning o Deportes La Serena.

Debió tomar decisiones difíciles Olivares para llegar a consolidarse como figura. Una de ellas fue partir el fútbol boliviano, mercado que comparado con otros del continente -como el argentino, el brasileño, el uruguayo o el mismo mercado chileno- asoma devaluado. De hecho, el propio Olivares denunció hace algunos meses que el club les adeudaba premios y que no contaba con la mejor infraestructura: pésimas canchas de entrenamiento y camarines con una sola ducha para 30 personas… la que con suerte tiene agua.

No ha sido fácil la carrera de Olivares. Pero el año pasado fue campeón con Jorge Wilstermann y ahora su equipo está instalado en los cuartos de final de la Copa Libertadores. Todo Bolivia celebró su actuación a mediados de semana contra Atlético Mineiro y el mismísimo Evo Morales lo felicitó durante un entrenamiento en Cochabamba. Por estas cosas, por lo que ha conseguido en Bolivia, por el cariño de la gente y también por su propia realización profesional, Olivares ha declarado que le gustaría defender a la selección boliviana.

¿Quién podría reprochárselo?

De seguro, cuando Olivares abrigó la posibilidad de convertirse en arquero -siendo casi un niño- imaginó una ruta distinta a la que hasta ahora ha trazado. Pero, ya está dicho, los caminos para conquistar los sueños son tan enrevesados como imprevistos. Desde este espacio, aplaudo a Olivares por su trabajo, su esfuerzo y su talento, pero por sobretodo por esa persistencia con la que ha luchado por convertirse en aquello con lo que un día soñó.

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