14 meses para que se llenara nuevamente el estadio Félix Capriles

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Tuvo que pasar más de un año para que el estadio Félix Capriles vuelva a estar colmado de fanáticos alentando al equipo de sus amores en una fiesta inolvidable deportiva. La final de la Copa AeroSur, que tuvo como protagonistas a Wilstermann y Aurora, recordó las

mejores épocas de los clásicos cochabambinos, en los que no había espacio ni para un alfiler en las tribunas.

Pese a que no hubo las colas interminables de los hinchas para la compra de las entradas, y pese a que no se “volteó” taquilla, el Capriles ayer estuvo casi al tope de su capacidad, donde la tribuna de preferencia era la más atiborrada, en la que los pasillos se llenaron de gente e incluso la parte baja de las rejas tenía al público intentando observar el partido.

La última vez que se vio al estadio Capriles con un público similar al de ayer, fue en mayo de 2010, cuando, también en un clásico cochabambino, Wilstermann ganó su quinto título liguero. Desde aquella fecha el escenario deportivo no volvió a llenarse como lo hizo ayer, pintado de rojo en un 90 por ciento, con algunas manchas celestes, que se encontraban sobre todo en el sector de la general, con los “Califachos”.

Ni siquiera cuando Wilstermann descendió de categoría en diciembre en 2010, también en un clásico, se vio el apoyo que recibieron ayer, con un estadio pintado de rojo, con juegos artificiales, humos de color y papel picado, para el recibimiento del plantel “aviador”; también a los celestes, pero en mínima proporción.

Según la recaudación oficial del partido, se vendieron 25.401 entradas, de las 27 mil que se pusieron a la venta; pero ayer en el estadio fácilmente existían más de 29 mil personas. La gran cantidad de público provocó que se tengan que cerrar las puertas de general y preferencia, pero al final los organizadores determinaron abrir todos los accesos para evitar las avalanchas de gente que se quedó con boleto afuera.

Esta gran cantidad de gente vivió el partido minuto a minuto, pero la gran diferencia numérica entre la hinchada de Wilstermann y la de Aurora fue evidente cuando festejaron el gol de cada equipo, por ejemplo, cuando los “rojos” anotaron el primer tanto, el estadio entero estalló en gritos y festejos, pero cuando Aurora logró el empate se vieron los pequeños puntos celestes en la tribuna de preferencia y general que celebraban, ante un estadio entero que se quedó callado.

Si bien la noche estuvo un poco fría, el público no lo sintió, porque el partido no fue para el bostezo, sino al contrario, a cada minuto se escucharon a las barras bravas con los gritos de aliento, lo que convirtió al encuentro en una verdadera fiesta deportiva.

Jorge Wilstermann