La posible desaparición del Wilstermann: ¿Es hora de enfrentar la realidad?

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Con el inicio del fútbol profesional boliviano a la vuelta de la esquina, ya no es aconsejable seguir postergando la confrontación ante un demonio que hemos estado esquivando a duras penas: la eventual desaparición del Wilstermann. Aunque de esta posibilidad se viene hablando desde 2021, año en que descendió y desapareció San José tras una crisis financiera e institucional muy similar a la viene atravesando el Rojo cochabambino, pocos se han animado a asumirla con la seriedad que amerita.

Como wilstermannista confeso, yo mismo he caído en la tentación de diferir la discusión sobre la posible extinción del Aviador para otro momento, acaso anhelando en mi fuero interno que un milagro salve al equipo del colapso final. Pero, ya ven, ese milagro no ocurre y puede que no vaya a ocurrir. Muchos quisimos ver en la elección de Gary Soria como sucesor de Grover Vargas la panacea a la enfermedad que viene consumiendo al Wilster, al menos a la enfermedad económica. La promesa de inyectar unos millones de dólares para saldar las deudas más apremiantes, derivadas de demandas de sueldos y sanciones por contratos incumplidos a exmiembros del plantel, ilusionó a no pocos hinchas. Sin embargo, la promesa sigue sin cumplirse en los términos fijados por el propio Soria.

Lejos de sanear las cuentas de la institución, el directorio actual se ha parapetado en un silencio desconfiable, que solo se atreve a romper un abogado lenguaraz y desaforado, de cuya cordura no podría dar fe ni el más temerario de los psiquiatras. El leguleyo tiene la indeseable tarea de chicanear los procesos que asfixian a Wilstermann, pero, en la práctica, dilapida su energía en insultar a periodistas, seguidores, autoridades y todo cuanto ser vivo se atraviese en sus diligencias.

Entretanto, la plantilla del primer equipo está más que diezmada. El 50% o más de los jugadores que disputaron el Clausura de 2023 ya han migrado a otros cuadros. El propio entrenador Illanes ha buscado refugio en la U de Vinto, no sin antes demandar que se le pague lo que le deben. Han llegado unos refuerzos más ignotos que de costumbre y la dirección técnica ha sido delegada al argentino Andrés Marinangeli, con probada experiencia en trabajar sin cobrar sueldo (en Real Santa Cruz).

Poco o nada bueno cabe esperar ante este panorama. Algunos creen que, en el mejor de los escenarios, el Wilster podría descender, mientras que el peor sería el de la tan temida desaparición. Más allá de las estimables campañas para recaudar fondos y llamar a asambleas extraordinarias, se impone la necesidad de enfrentar la posibilidad cierta de que el equipo vaya a morir más pronto que tarde, algo que, como le dije a bocajarro a un colega, alteraría para siempre la fisonomía cultural de Cochabamba.

  • DIOS ES REDONDO
  • SANTIAGO ESPINOZA 
  • Periodista
  • @EspinozaSanti

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Fuente(s):
Opinion - Santiago Espinoza
Jorge Wilstermann