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Sebastián Reyes cumplió 23 años en marzo. Aún es muy joven dentro del ambiente del fútbol nacional, en el que el recorrido -a Dios gracias para los jugadores- suele ser bondadosamente largo. Sin embargo, tiene las cosas claras. Ya es papá de un niño de un año y cinco meses. Quizás, la paternidad sea la causa de su madurez. O, tal vez, los sacrificios que descansan en la historia del futbolista yacuibeño (por ejemplo, tuvo que tomar sopas instantáneas para engañar al estómago cuando aún no llegaba a debutar en la primera de Wilstermann) refuercen la idea.

Reyes, el aviador que no pierde la sencillez, agarra la pala y organiza torneos para niños

Lo cierto es que al yacuibeño no le tiembla la voz al asegurar que su presente prometedor en el Rojo y su estabilidad económica para nada influirán en su personalidad, muy marcada por la sencillez que le inculcaron sus padres desde que era niño.

Es una de las figuras consolidadas en el once del Rojo y también goza de la confianza del DT de la Verde, César Farías, quien lo llamó para decirle que lo sigue de cerca y que continúe entrenando con ritmo sostenido, pues lo quiere listo para las Eliminatorias sudamericanas rumbo a Catar.

Atrás parecen haber quedado aquellas horas en las que la mente estuvo a punto de traicionar la voluntad. Varias fueron las ocasiones de debilidad. “A veces no me tomaban en cuenta. Un jugador se frustra cuando no hace fútbol y lo mandan a trotar”, señala, un convencido Sebastián.

Da fe de que su humildad está intacta. Y lo demuestra con acciones, pues, desde hace una semana, realiza la obra gruesa de su casa, situada en el barrio Gremial, junto a su padre (que conoce sobre construcción) y su familia entera. Toma la pala, mezcla cemento y también hace el vaciado. Está en todas, como en la cancha.

Los sueños son posibles y él lo sabe bien. Movido por esa premisa, el wilstermanista decidió, junto a un jugador del Tigre y un amigo, impulsar la concreción de torneos virtuales de técnicas en los que participan niños y adolescentes. Él mismo se encarga de premiar a los ganadores con botines. “Hoy me veo reflejado en ellos”, dice.

P: ¿Cómo te ha nacido esto de incentivar a los niños?

R: Mis padres siempre me dijeron, desde pequeño, que si yo llegaba a ser jugador profesional tenía que ser humilde y acordarme de mis raíces. Es lo que trato de hacer hoy en día. Intento ayudar a los chicos. A mí me costó mucho llegar a ser futbolista profesional, tuve un camino muy difícil. Aquí, la mayoría de los chicos se pierde.

P: ¿En qué consiste este torneo?

R: Un amigo, que es profesor, me propuso organizar un campeonato de dominio de balón para las categorías Sub 9, 11 y 13, de modo que se graben haciendo la mayor cantidad de técnicas posible. El que lo consiga, se lleva unos botines como premio. Me habló a mí y también a otro jugador del Tigre, Pito Sotomayor. Junto a él nos encargamos de los premios. Ya fuimos a hacer la entrega y también nos tomamos unas fotos y les dimos unas palabras de aliento para que puedan ver que los sueños se cumplen.

P: ¿Qué sientes al ver la cara de estos niños, que seguramente proyectan ser como tú?

R: Me trae recuerdos porque empecé así, entrenando en las canchitas de mi barrio. Hoy me veo reflejado en ellos, pues también tienen el sueño de llegar a ser jugadores profesionales.

P:¿Qué recuerdas particularmente que te haya tocado superar?

R: Lo más difícil fue que partí de Yacuiba a los 17 años. Me fui rumbo a Cochabamba porque tenía una hermana estudiando allí. En ese momento fue complicado porque vengo de una familia humilde. En ese tiempo no contábamos con mucho dinero. Mis padres se prestaron plata. Con ello logré tener un cuarto y comida porque, al principio, no me pagaban cuando estaba en la reserva de Wilstermann. A veces tenía que conformarme con sopas instantáneas o caminar por una hora hasta llegar a la laguna, donde entrenaba el equipo. Así, por un año y medio o dos. También costó el estar solo, el no tener a la familia fue doloroso. Está ese dicho que dice: “se sufre para llegar”. Ahora lo recuerdo y lo veo como algo lindo porque valió la pena.

P: ¿En algún momento quisiste tirar la toalla?

R: Varias veces he querido dejarlo. Desde los 22 años empecé a tener más participación e ir a la Selección, pero antes, de los 17 a los 21, fueron cuatro años en los que estuve entrenando. A veces no me tomaban en cuenta. Un jugador se frustra cuando no hace fútbol y lo mandan a trotar. Quería dedicarme a estudiar. El apoyo de mi familia, debo recalcarlo, fue algo importante porque mis padres siempre me apoyaron a seguir. Mi papá y mi mamá me dijeron que no desistiera, que ya iba a llegar la oportunidad.

P: Eres parte del primer plantel de Wilster. Pese a la crisis sanitaria que vive Bolivia, tu presente es bueno…

R: Gracias a Dios ya estoy consolidándome. Antes de que empezara esta pandemia terminé como titular en Wilster, fui convocado a la Selección absoluta e iba a jugar las Eliminatorias. El profe Farías (César) habló conmigo. Me dijo que siga preparándome, que él me tiene muy en cuenta y eso me motiva mucho más. Ahora que mi presente es bueno quiero ayudar a los que están luchando. Hace poco hice unas canastas familiares para los entrenadores de fútbol porque ellos no están trabajando, no tienen ingresos.

P: Has esperado varios años por esa chance, ¿qué proyectas para ti?

R: Mi primera meta es consolidarme en Wilstermann, quiero llegar a ser un referente en el equipo y darle muchas alegrías a este club. Y también deseo ir a Europa o al exterior para jugar en una liga competitiva y continuar creciendo futbolísticamente para dejar en alto el nombre de Bolivia.

P: Ahora sí tienes la posibilidad de ayudar a tus padres en lo económico, ese es el beneficio, también, de ser jugador profesional…

R: Sí. Es lo primero que hice cuando empecé a estar estable económicamente. Ayudé a mis padres y me sorprende porque ellos reciben lo que les doy y siguen colaborando con otras personas.

P: ¿Qué hiciste con tu primer sueldo?

R: Compré una tele para el cumple de mi padre. Aún me acuerdo. Me sentí feliz con eso. Ahora disfruto con mi familia. Estamos remodelando mi casa, nos pusimos esa meta.

P: ¿También estás dando una mano en la obra?

R: Sí. Mi papá, mi familia y yo estamos trabajando porque mi padre sabe un poco de construcción, así es que nosotros mismos estamos haciéndolo. Vamos con la obra gruesa, con el piso y el vaciado. Empezamos hace una semana. Igual, aparte sigo entrenando (con Wilster) y también con la Selección, vía Zoom, junto a los convocados.

P: ¿No te escapas de aquello de agarrar la pala y hacer el trabajo fuerte?

R: Me crié así. Mi papá trabajaba en metalúrgica. Cuando era chiquito, lo acompañaba a poner portones. Estoy familiarizado con estas cosas. Si me crié así, ahora que estoy estable económicamente no veo porqué tenga que cambiar mi forma de ser.

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Por Aviador