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Los Tiempos
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“Tuve que vender cosas para ir a entrenar”“Vengo de abajo, me costó mucho llegar a primera. De chico tuve que vender cosas para ir a entrenar”, esa frase refleja un poco de lo que tuvo que vivir un jugador argentino, de raíces humildes, quien gracias a su esfuerzo, constancia y madurez, logró lo que muchos futbolistas de su país añoran desde pequeños: alzar tres títulos nacionales y dos internacionales con Boca Juniors y uno con Lanús. Esta es la historia de Cristian “Pochi” Chávez, nuevo refuerzo de Wilstermann, quien promete convertirse en el nuevo ídolo rojo, como lo hicieron Jairzinho, Sergio Óscar Luna y Thiago Leitao, entre otros.

Vestido con una bermuda gris y jersey plomo, el “Pochi”, como le dicen de cariño, viajó en el tiempo para recordar todo el camino que recorrió hasta llegar a su actualidad en el conjunto aviador. Primero esbozó una tímida sonrisa y colocó sus manos en los bolsillos, en ese momento comenzó el viaje a través del tiempo.

Nació un 16 de junio de 1986 en Pilar, pero creció en el barrio San Atilio, en José C. Paz, Argentina, lugar donde vivió todas sus aventuras junto a su familia y amigos. Los papás de “Pochi” siempre velaron por él, lo cuidaron y, de hecho, sacrificaron varias cosas para que a su hijo no le falte nada.

“Mis viejos tenían que hacer muchos esfuerzos para darme para el pasaje para ir a entrenar”, mencionó con mucha añoranza.

Luego, comentó que en varias oportunidades ambos intentaron persuadirlo de continuar su vida por el camino del estudio, empero como cualquier pequeño, que amaba y vivía el fútbol, se les escapaba para perseguir su sueño.

“Pochi” Chávez dio sus primeros pasos futbolísticos en Primavera del Plata, un club de su barrio, cuando tenía ocho años. A medida que pasó el tiempo maduró y le entró la responsabilidad de colaborar económicamente a su familia. Fue entonces cuando a los 12 años, aproximadamente, empezó en los torneos de barrios, donde se jugaban por un pozo acumulado. Mismos que lo usaban para una pequeña parrillada y el resto se repartían entre ellos. Un día de esos cuando la suerte estuvo del lado de su equipo salieron campeones, y con ese dinero se compró sus primeras chuteras.

Su infancia no fue nada fácil y mucho menos llevadera. Tuvo que trabajar como ayudante de albañil junto a su tío. Y cuando la mayoría de los niños pasaban las fiestas de fin de año con sus familias, “Pochi” se dedicaba a recoger botellas de las calles para luego revenderlas.

A los 15 años comenzó a entrenar en la quinta división del Club Deportivo Atlas, sin embargo, difícilmente sus papás podían pagar la mensualidad y los pasajes. Es más, en una ocasión tuvieron que vender una “salamandra” (estufa a leña) al vecino para poder darle algo de dinero para que vaya a su entrenamiento.

“Hice mi carrera como Dios quiso. Estoy orgulloso por ello. Mis viejos y mi familia estuvieron siempre conmigo”, resaltó.

Como todo en la vida es sacrificio y recompensa. El destino quiso que las puertas se abran una a una. En 2002-2003 subió a la Primera del Atlas y debutó en la D de Argentina. Entrenaban en las tardes porque en las mañanas sus compañeros trabajaban. Sin embargo, recibían un dinero por jugar y otro dinero por ganar el partido. Fue cuando ganó algo de plata para ayudar más a su familia.

Pero las aspiraciones de “Pochi” eran mayores. Se fue a probar a Defensores de Belgrano, anotó dos goles, pero no lo llamaron nunca. Entonces, en 2003, decidió apuntar más alto, y probar suerte en el equipo de sus amores: Boca Juniors. Asistió al día de pruebas, donde se encontró con más de 300 adolescentes que tenían las mismas aspiraciones. Pero a Jorge Griffa, exfutbolista y jugador argentino, le bastó con verlo sólo 15 minutos en cancha para darse cuenta de su talento.

Cuando le dieron la buena noticia, sus padres saltaron de alegría, al igual que sus amigos de barrio, quienes no lo podían creer.

Al comienzo, para asistir a los entrenamientos hasta Ezeiza, “Pochi” tenía que madrugar a las 4:00, pero llegó un momento en el que sintió el desgaste y pidió a los dirigentes quedarse en la pensión del equipo, donde comía, descansaba y entrenaba. Como anécdota, su debut en Primera, en 2005, fue frente a Almagro en el torneo Clausura. Estaba como entrenador interino Abel Aníbal “Chueco” Alves, pero cuando ingresó con la casaca 45, no tocó la pelota; en ese partido descendió Almagro y los aficionados invadieron el campo de juego.

En 2007 y 2008 comenzó a afianzarse, la gran oportunidad le dio el DT Carlos Ischia, con quien está muy agradecido. De ahí en adelante, se marcó un futuro promisorio para el jugador argentino, a quién consideraban el sucesor de Román Riquelme. Con Boca ganó tres torneos locales (2008-2011-2012) y dos internacionales (Copa Libertadores 2007 y Sudamericana 2008).

“Estuve ocho años en Boca, la pasé lindo, no me arrepiento de nada”, señaló. Luego de un tiempo, fue convocado a la selección argentina para un amistoso contra Venezuela, en 2012, donde anotó un gol.

Después fue cedido a préstamo a Lanús (Argentina), luego pasó por Unión Española (Chile), Arsenal de Sarandí (Argentina), Asteras Tripolis (Grecia); ahora tiene la ilusión de descollar con la casaca del Aviador en la Copa Libertadores.

Detrás de cada persona siempre hay una historia para contar. Cristian “Pochi” Chávez tuvo que esquivar varios obstáculos en su vida para conseguir su sueño.

“A donde fui, gracias a Dios, pude ganar cosas”, finalizó.

“EN GRECIA NO JUEGAN CON ENGANCHE”

El “Pochi” Chávez explicó que en Europa tiene otro estilo de juego, razón por la cual no tuvo muchos minutos de rodaje. Explicó que el técnico que lo llevó a Grecia sólo duró unos meses, y el sucesor tenía otro planteamiento que no incluía un mediocampista de sus características.

“Me quedaban seis meses más (de contrato), hablé con los dirigentes y el DT para saber si me iban a tener en cuenta, porque en Europa se juega con tres delanteros y no con un enganche, es muy difícil jugar en Grecia. Yo soy enganche y allá no usan mucho. Yo vi que en el fútbol en Grecia van todos para adelante, nadie para la pelotita para hacer jugar al equipo, no hay mucha tenencia de balón. Agarran la pelota y van hacia adelante”, comentó.

Entretanto, contó que también corre y marca, porque cuando le tocó jugar junto a Riquelme, en Boca, tuvo la misión de recuperar pelotas y hacer el desgaste. “Yo tuve que cambiar muchas cosas (de su juego). Cuando estuve en Boca con Román, podía jugar de ocho y tenía que correr y recuperar. Soy muy humilde, vengo a trabajar, y aquí me vengo a romper el alma”, dijo.

CHÁVEZ: “SOY MUY TRANQUILO”

Cristian Chávez comentó que es una persona muy tranquila y nunca está metido en problemas extrafutbolísticos. Resaltó que le gusta tener una vida serena al lado de su familia. Por ello, acotó que le agradó la ciudad de Cochabamba.

“Nunca van a tener una novedad mía extrafubolística. Soy muy tranquilo y me encontré con una ciudad muy así, que me encanta. Soy humilde y tengo una familia que mantener y vengo a dar lo mejor, y lo que más me gusta es jugar al fútbol”, señaló.

Respecto al recibimiento de la fanaticada aviadora, dijo que ya está acostumbrado a este tipo de acontecimientos por su paso en Boca Juniors. “Cuando estaba en Boca ya estaba acostumbrado a estos recibimientos. Me gusta la presión, que el hincha exija”, remarcó.

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Por Aviador